
Ricardo Flecha Valle, el pintor que convirtió Zamora en paisaje
Ricardo Flecha Valle nació en Zamora el 11 de abril de 1932. Estudió en el Instituto Claudio Moyano y se formó como pintor autodidacta, sin grandes escuelas detrás ni etiquetas ruidosas. De esas trayectorias que no necesitan demasiada pose porque tienen algo más importante: una mirada propia. Falleció el 2 de enero de 2026, dejando una obra profundamente unida a Zamora y a su provincia.
Su pintura estuvo marcada por el paisaje. Pero no por el paisaje bonito de postal, sino por ese paisaje zamorano que se queda dentro: campos abiertos, horizontes sobrios, pueblos silenciosos, rincones humildes y una tierra que parece hablar bajo, pero habla. Flecha Valle pintó Zamora con una sensibilidad tranquila, sin adornos innecesarios, como quien conoce muy bien aquello que mira.
Uno de los territorios más presentes en su obra fue Sayago. La comarca aparece en su pintura no como decorado, sino como raíz. En sus lienzos hay calma, sí, pero también dureza. Hay belleza, pero sin dulcificarla. Hay memoria de una tierra trabajada, vivida y resistente. Su obra Tierras de Sayago, de 1995, realizada en técnica mixta sobre lienzo, es un buen ejemplo de esa relación profunda con el paisaje sayagués.
Ricardo Flecha Valle fue, además, padre del escultor Ricardo Flecha Barrio, una de las figuras más importantes de la imaginería contemporánea vinculada a la Semana Santa de Zamora. Padre e hijo compartieron una misma vocación artística, aunque cada uno desde su lenguaje: uno desde la pintura y el otro desde la escultura. Dos formas distintas de tocar la misma tierra.
También estuvo vinculado a la vida cultural y religiosa de Zamora. Algunos medios lo recuerdan como hermano de la Real Cofradía del Santo Entierro, y distintas publicaciones locales han destacado su cercanía a la cultura zamorana, a sus tradiciones y a su memoria colectiva. No fue solo un pintor que representó Zamora desde fuera. Fue alguien que pertenecía a ella.
Su pintura tiene algo de testimonio. Como si cada cuadro quisiera decir: esto también somos. Esta tierra, este silencio, esta luz, estos pueblos, estos campos. Flecha Valle no necesitó perseguir modas para dejar una obra reconocible. Le bastó con mirar de verdad lo que tenía cerca.
Y eso, que parece sencillo, no lo es.
Porque hay artistas que buscan temas enormes para parecer importantes. Y luego están los que hacen importante lo cercano.
Ricardo Flecha Valle pertenece a estos últimos. A los que pintan una tierra no para enseñarla, sino para devolverle su dignidad. Su obra queda como una memoria visual de Zamora, de Sayago y de una forma de mirar que ya casi no se enseña: despacio, con respeto y con verdad.