
Paco Somoza, la acuarela como forma de mirar Zamora
Paco Somoza nació en Puebla de Sanabria, Zamora, en 1952. Aunque su trayectoria pública aparece muchas veces ligada a la arquitectura, aquí nos interesa otra cosa: su mirada como pintor. Y más concretamente, su manera de utilizar la acuarela para contar Zamora sin solemnidad impostada, sin ruido y sin disfraz.
Su pintura tiene algo muy difícil: parece sencilla. Apuntes rápidos, escenas urbanas, rincones, procesiones, calles, gestos, luces. Pero debajo de esa aparente naturalidad hay oficio, memoria visual y una forma muy personal de observar. Somoza no pinta Zamora como quien copia una postal. La pinta como quien la conoce por dentro. Como quien sabe que una ciudad no está solo en sus monumentos, sino en sus silencios, en sus sombras, en una esquina que otro pasaría de largo.
La acuarela es una técnica especialmente unida a su trabajo. Le permite captar el instante, lo que aparece y se escapa. Un color, una procesión, una fachada, una figura, una atmósfera. Destaca su capacidad para encontrar inspiración “en cualquier lado y en cualquier momento”. La acuarela le sirve para recoger lo efímero de la Semana Santa zamorana.
Uno de los temas más reconocibles de su obra pictórica es Zamora y dentro de ella, su Semana Santa. Durante los días de confinamiento de 2020, cuando las procesiones no pudieron salir a la calle, Somoza compartió en redes sociales acuarelas de escenas procesionales. Zamora24Horas lo describió como una forma de sacar las procesiones “en forma de obras de arte”, con apuntes de las escenas más icónicas de una Semana Santa que no estaba en la calle, pero sí en el sentir de la ciudad.
Ahí hay algo importante, porque la pintura de Somoza no busca únicamente representar. Busca mantener vivo algo. Una emoción colectiva. Una memoria. Una forma de pertenecer. Sus acuarelas de la Semana Santa zamorana no son solo imágenes religiosas o costumbristas. Son pequeñas cápsulas de ciudad. De noche. De piedra. De música. De gente mirando en silencio.
También ha llevado esa mirada pictórica al libro Zamora insólita, una obra ilustrada con acuarelas realizadas por él mismo sobre lugares menos conocidos de la ciudad. El artículo publicado en De las cosas del comer destacaba precisamente que el libro arrojaba luz sobre rincones poco conocidos de Zamora, acompañando el conocimiento histórico con la sensibilidad de sus acuarelas.
Su estilo puede definirse como directo, limpio y sensible. En una entrevista publicada en Zamora en Marcha, Fernando Lozano Bordell señalaba que Somoza sabe plasmar en acuarelas “el momento exacto pretendido”, eliminando lo superfluo y dando un papel privilegiado al color. Esa descripción encaja muy bien con su pintura: no hay exceso, no hay artificio gratuito. Hay pulso. Hay ojo. Hay intención.
Paco Somoza pertenece a esa clase de artistas que no necesitan separar del todo vida, ciudad y obra. Su pintura nace de una relación profunda con Zamora, no como tema turístico, sino como territorio emocional. Sus acuarelas tienen algo de cuaderno de viaje, pero también de cuaderno íntimo. Enseñan lo que se ve y a la vez, sugieren lo que permanece.
Y quizá por eso nos emocionan.
Porque hay pintores que pintan edificios, calles o procesiones.
Y luego están los que pintan una forma de mirar.
Paco Somoza está más cerca de estos últimos. Su obra pictórica deja una Zamora hecha de agua, color, memoria y silencio. Una Zamora reconocible, pero no repetida, vista con ojos de quien sabe detenerse. Y esto en una época en la que todo pasa corriendo, ya es bastante más que pintar bonito.